El
sistema inmune evolucionó para discriminar entre lo propio y lo no propio o
ajeno.
La
inmunidad innata (inmunidad natural) es primitiva, no requiere estimulación, y
es de afinidad relativamente pequeña, pero es ampliamente reactiva.
La
inmunidad adaptativa (inmunidad aprendida) es un antígeno específico y depende
de la exposición antigénica o sensibilización del antígeno y puede tener una
alta afinidad.
Los
dos componentes de la inmunidad trabajan de manera estrecha y el sistema inmune
innato es más activo tempranamente en la respuesta inmune y en la inmunidad
adaptativa, con el paso del tiempo se hace progresivamente dominante.
Los
principales efectores de la inmunidad innata son complementos, granulocitos,
monocitos/macrófagos, células NK, mastocitos y basófilos.
Los
principales efectores de la inmunidad adaptativa son los linfocitos B y T. Los
linfocitos B producen anticuerpos; los linfocitos T funcionan como células
auxiliares, citolíticas y reguladoras (supresoras).
Estas
células no sólo son importantes en la respuesta inmune normal, para infecciones
y tumores, sino que también son mediadoras del rechazo de trasplantes y la
autoinmunidad.
Las
inmunoglobulinas (anticuerpos) en la superficie de los linfocitos B son
receptores para una amplia variedad de conformaciones estructurales
específicas. En contraste, los linfocitos T reconocen los antígenos como
fragmentos de péptidos en el contexto de antígenos propios del complejo de
histocompatibilidad (MHC, histocompatibility complex, llamado antígeno leucocitario
humano [HLA, human leukocyte antigen] en los seres humanos) en la superficie de
las APC, tales como células dendríticas, macrófagos y otros tipos de células
que expresan los antígenos de MHC de las clase I y clase II. Una vez activado
por el reconocimiento específico de antígeno, ambas, las células linfocíticas B
y la T se activan para diferenciar y dividir, lo que conduce a la liberación de
mediadores solubles (citocinas, linfoquinas) que actúan como efectores y
reguladores de la respuesta inmune.
Inmunosupresión
Los
medicamentos inmunosupresores se utilizan para amortiguar la respuesta inmune
en el trasplante de órganos y la enfermedad autoinmune.
En el trasplante, las principales clases de medicamentos inmunosupresores que se usan en la actualidad son los siguientes:
- Glucocorticoides.
- Inhibidores de calcineurina.
- Agentes antiproliferativos/antimetabólicos.
- Biológicos (anticuerpos).
En la tabla 35-1 se resumen los sitios de acción de los agentes inmunosupresores sobre la activación de las células T. Estos medicamentos son exitosos en el tratamiento de condiciones como el rechazo inmune de trasplantes de órganos y enfermedades autoinmunes.
Enfoque general para la terapia de
trasplante de órganos
La
terapia del trasplante de órganos se organiza en torno a cinco principios
generales :
1.
Prepare cuidadosamente al paciente y seleccione la mejor disponibilidad HLA
compatible con el tipo de sangre ABO para la donación de órganos.
2.
Emplee terapia inmunosupresora múltiple; use varios agentes simultáneamente,
cada uno de los cuales se dirige a un objetivo molecular diferente dentro de la
respuesta del aloinjerto. Los efectos sinérgicos permiten el uso de varios
agentes a dosis relativamente bajas, y mientras limitan las toxicidades específicas
maximizan el efecto inmunosupresor.
3.
Emplee protocolos de fármaco de mantenimiento de dosis bajas e inducción
intensiva; se requiere una mayor inmunosupresión para obtener un injerto
temprano o para tratar el rechazo establecido que para mantener la
inmunosupresión a largo plazo. El alto riesgo de rechazo agudo es causado por
el mayor riesgo de efectos secundarios, lo que requiere una reducción lenta de
los medicamentos inmunosupresores de mantenimiento.
4.
Se requiere una investigación de cada episodio de disfunción del trasplante,
incluyendo la evaluación de la recurrencia de la enfermedad, el rechazo, la
toxicidad de los medicamentos, y la infección (teniendo en cuenta que los
diversos problemas pueden y coexisten a menudo).
5. Reduzca la dosis o suspenda el medicamento si la toxicidad excede los beneficios (Danovitch et al., 2007).
Terapia de inducción biológica
En
muchos centros de trasplante, la terapia de inducción con agentes biológicos se
utiliza para retrasar el uso de los inhibidores de la calcineurina nefrotóxica
o para intensificar la terapia inmunosupresora inicial en pacientes con alto
riesgo de rechazo (es decir, los trasplantes de repetición, los pacientes en
términos generales presensibilizados, los pacientes afroamericanos o pacientes
pediátricos).
Inmunoterapia de mantenimiento
La
terapia básica inmunosupresiva utiliza múltiples fármacos simultáneamente, un
inhibidor de calcineurina, glucocorticoides, y micofenolato (un inhibidor del
metabolismo de las purinas), cada uno dirigido a un paso discreto en la
activación de las células T (Vincenti et al., 2008). Los glucocorticoides, la
azatioprina, la ciclosporina, el tacrolimús, el micofenolato, el sirolimús, el
belatacept y varios mAb y anticuerpos policlonales son todos aprobados para su
uso en el trasplante.
Terapia para el rechazo establecido
Las
dosis bajas de prednisona, inhibidores de la calcineurina, inhibidores del
metabolismo de la purina, sirolimús, o belatacept son eficaces en la prevención
del rechazo celular agudo; son menos efectivos para bloquear los linfocitos T
activados y, por tanto, no son muy eficaces contra el rechazo agudo o para la
prevención total del rechazo crónico. Por tanto, el tratamiento del rechazo
establecido requiere el uso de agentes dirigidos contra las células T
activadas. Éstos incluyen los glucocorticoides en dosis altas (terapia de
pulso), los anticuerpos policlonales antilinfocitos, o muromonab-CD3 (bajo
licencia de la FDA, pero actualmente no comercializado en Estados Unidos debido
al uso disminuido).,
Activación
de las células T y sitios de acción de agentes inmunosupresores.
El
TCR reconoce antígenos unidos al MHC. Se requiere una señal coestimuladora para
la activación de las células T: la interacción CD80/CD86-CD28 de la APC a la
célula T. La activación conduce a la producción de IL-2 (en un asa de
retroalimentación positiva) y una serie de otros eventos, algunos de los cuales
están en llaves en la esquina inferior derecha. Numerosos agentes están
disponibles para suprimir la activación de células T. La ciclosporina y el
tacrolimús se unen a inmunofilinas (ciclofilina y FKBP respectivamente),
formando un complejo que inhibe la calcineurina fosfatasa y la desfosforilación
de la calcineurina catalizada que permite la translocación de NFAT en el
núcleo. Se requiere NFAT para la transcripción de IL-2 y otras citocinas
relacionadas con el crecimiento y la diferenciación (linfoquinas). El sirolimús
(rapamicina) funciona cadena abajo del IL-2R, se une a FKBP; el complejo
sirolimús-FKBP se une e inhibe la mTOR, una cinasa implicada en la progresión
del ciclo celular (proliferación). El MMF y la azatioprina inhiben la síntesis
de ácidos nucleicos, inhibiendo así la proliferación de células T. El
anticuerpo muromonab (OKT3) inhibe la función de TCR mediante la interacción
con su componente CD3. El basiliximab y el daclizumab bloquean la señalización
de IL-2 mediante la interacción con la subunidad alfa del complejo de IL-2R
(CD25). Varios anticuerpos pueden bloquear los efectos sistémicos de la
liberación de TNF. El alemtuzumab, al unirse a CD52, marca la célula para la
destrucción, estas células CD52+ se agotan.
Activación de linfocitos T:
coestimulación y puntos de verificación coinhibitorios
Numerosas
proteínas CD de membrana pueden expresarse en APC en los linfocitos T que
conducen a interacciones de señalización entre ligandos y receptores. Estas
interacciones pueden mejorar o reducir el estado de activación de los
linfocitos T.
Se
necesitan dos señales para activar el linfocito T: la presentación de un
antígeno al ligando de TCR y la señalización por un “coestimulador” adicional
juntos.
A.
La señal primaria, la señal 1, es la interacción del TCR con el complejo
MHC-antígeno en la APC. La activación requiere una segunda interacción
coestimulatoria.
B.
Señal 2, la interacción coestimulatoria entre CD28 en el linfocito T (el
receptor coestimulador) y el ligando coestimulador en la APC, CD80/CD86,
conduce a la activación de los linfocitos T. Las señales coestimuladoras
adicionales, tales como la interacción de CD154 con CD40 sobre la APC, pueden
lograr una mejoría adicional de los linfocitos T (+). En la falta de
coestimulación, una célula T puede convertirse en anérgica o no respondedora.
C.
Las interacciones adicionales de células APC-T pueden ocurrir después de la
activación de las células T, y algunas pueden ser inhibitorias, proporcionando
inmunidad en los puntos de control que son importantes para la reducción de la
autoinmunidad y para regular el tamaño y la extensión de la respuesta inmune.
Por
ejemplo, la interacción de CD152 (CTLA4) con CD80/86 produce señales
inhibitorias que atenúan la activación y proliferación de linfocitos T (–).
CD28 y CD152 compiten para unirse a CD80/CD86. Como la figura indica, la
afinidad de CD152 por CD80/CD86 excede la de CD28, y el equilibrio se encuentra
hacia la formación del complejo de señalización inhibitorio, CD152-CD80/CD86.
Las células T pueden expresar cantidades variables de otra modificación
importante, PD1 (CD279). Cuando han interactuado con ligandos por PD-L1, PD-1
produce señales inhibitorias (actividad de la fosfatasa de proteína, ↓ la
señalización por la actividad de TCR y ↓ la actividad MAPK; véase figura 35-2)
y reduce la proliferación de las células T, lo que conduce al agotamiento de
las células T, a un estado de hiporreactividad.
Cuando
PD1 es altamente expresado, como durante las condiciones de la infección viral
crónica y cáncer, la supresión de la actividad de los linfocitos T a través de
esta vía puede ser muy eficaz; esta vía puede facilitar la replicación viral
continua y la progresión tumoral. D. Estos puntos de control inmunológico son
útiles para la regulación farmacológica de la activación de los linfocitos T.
Por
ejemplo, los agentes abatacept y belatacept son proteínas de fusión que
contienen el dominio de CTLA4 de CD154 y actúan como señuelos. Estos agentes
bloquean la coestimulación de las células T por CD80/CD86 (véanse ejemplos
adicionales en la figura 35-2) de unión. El nivolumab y el pembrolizumab son
anticuerpos a PD1 y bloquean la interacción de PD1 con PD-L1, bloqueando de
este modo la supresión inmune que se produciría normalmente y produciendo un
estado de hiperactividad inmune. Los inhibidores del punto de control que
aumentan la respuesta inmune se utilizan en la terapia del cáncer.
Los
anticuerpos pueden ser diseñados para ser ligandos estimuladores en los puntos
de control, para ayudar en la generación de un estado de supresión inmune que
podría ser útil en el tratamiento de las enfermedades autoinmunes.
La
inmunosupresión tiene riesgos concomitantes de infecciones oportunistas y tumores
secundarios. Por tanto, el objetivo fundamental de la investigación en
trasplante de órganos y enfermedades autoinmunes sería inducir y mantener la
tolerancia inmunológica, que es el estado activo de la falta de respuesta
específica a un antígeno (Krensky y Clayberger 1994).
La
tolerancia, de ser posible, representaría una cura verdadera para los
trastornos discutidos previamente en esta sección sin los efectos de varias
terapias inmunosupresoras. Los inhibidores de la calcineurina evitan la
inducción de tolerancia en algunos, pero no en todos, modelos preclínicos. En
los mismos sistemas de modelo, el sirolimús no impidió la tolerancia y pudo
incluso promover su inducción (Kawai et al., 2014, Krensky y Clayberger 1994).
En
animales experimentales, el sirolimúspromueve los linfocitos T reguladores, un
subtipo de linfocitos T que se ha demostrado que suprime toda inmunidad y
promueve la tolerancia.
Los
estudios realizados en receptores de trasplante renal mostraron que el
sirolimús aumentó los linfocitos T reguladores en la periferia, a diferencia de
los inhibidores de la calcineurina, los cuales reducen su porcentaje (Segundo
et al., 2006).
Inmunoterapia para la esclerosis múltiple
(MS)
La
esclerosis múltiple es una enfermedad inflamatoria desmielinizante de la
materia blanca del CNS mediada genéticamente, caracterizada por infiltración de
células mononucleares en la materia blanca con la relativa desmielinización y
la pérdida axonal. Los infiltrados meníngeos densos se encuentran en los
espacios subaracnoideos de los pacientes, y estos infiltrados están íntimamente
asociados con desmielinización subpial, daño neuronal y neurítico, la pérdida
de oligodendrocitos, atrofia cortical y la activación del parénquima microglial
en las capas corticales externas.
La
desmielinización cortical inflamatoria en la MS se produce al principio, antes
de la aparición de placas clásicas de la sustancia blanca con intercambio
neurodegenerativo, incluyendo la pérdida de oligodendrocitos, astrocitosis
reactiva, y la lesión neuronal y axonal dentro de estas placas corticales en un
resumen de la inflamación.
La
MS puede ser episódica y progresiva con una prevalencia creciente desde la
adolescencia hasta los 35 años de edad y luego disminuye. La MS es tres veces
más común en las mujeres que en los hombres y se produce principalmente en las
latitudes más altas de los climas templados. Los estudios epidemiológicos
sugieren un papel de los factores ambientales en la patogénesis de la MS,
incluyendo la disminución de la vitamina D, el tabaquismo, el aumento de índice
de masa corporal y la ingesta elevada de sal (Ransohoff et al., 2015).
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